“Maestro, ¿dónde vives? Venid y lo veréis”
El inicio de los domingos de tiempo ordinario tiene una clara componente vocacional. Se trata, en efecto, del inicio del seguimiento de los discípulos del Jesús.
Hoy nos encontramos con dos hombres: Andrés y otro cuyo nombre nos es omitido, junto con el Bautista. Ciertamente Juan ya conocía a Jesús, éste había recibido el bautismo a orillas del Jordán y el Padre le había anunciado como el Hijo amado (fiesta del Bautismo del Señor), y será una frase engimática “éste es el Cordero que Dios” la que provoque que Andrés y su compañero, decidan seguir a Jesús. de este primer pasaje del evangelio de este domingo extraemos la primera conclusión: toda llamada del Señor se realiza a través de una mediación, alguien llama en nombre del Maestro, en este caso Juan el Bautista, en otros, será un familiar, un maestro, un sacerdote amigo, el testimonio de una comunidad religiosa, etc… pero lo claro es que Dios siempre llama a través de terceras personas (eso hará Andres con su hermano Simón, al que Jesús llamará Cefas – Pedro).
El encuentro con Jesús ya supuso una iniciativa por parte de los dos discípulos, aunque lo que más nos sorprende son las preguntas y las respuestas: ¿Qué buscáis?; Maestro, ¿dónde vives?; Venid y lo veréis.
Toda vocación debe empezar con la pregunta que Jesús plantea: ¿Qué buscáis? Una pregunta que compromete y que nos debe cuestionar en nuestro caminar. ¿Qué es lo que buscamos cuando nos acercamos a Jesús? El problema vocacional a mi juicio, empieza aquí mismo: ¿sabemos dar respuesta a la pregunta? o peor aún, ¿nos preguntamos qué buscamos siguiendo a Jesús? Una vocacioón bautismal que no se pregunte por el sentido de la misma, seguramente sea rutinaria, fría, de mero cumplimiento, no ha permitido que el Señor se acerque a su vida y le cuestione. La respuesta a la pregunta también es importante, sí, pero parte de un deseo de buscar algo, luego está el ponerse en camino. Andrés y su compañero respondieron: Maestro, ¿dónde vives?. Quería saber más del rabí que les había presentado Juan, dónde vivía, qué hacía, cómo vivía… tenían el deseo de conocerle a fondo y comprobar por si mismos si merecía la pena ponerse en camino junto a él. No había ningún interés particular en esa respuesta, no buscaban el reconocimiento, ni el escalar una posición en la sociedad, ni un modo de ganarse la vida… tan sólo querían conocer más al Maestro.
Aquí ya encontramos un segundo criterio de discernimiento vocacional: la motivación.
La respuesta de Jesús, es muy sencilla: Venid y lo veréis. Nos les hace un discurso teológico acerca de la vocación, ni les da una catequesis ni un libro dónde encontrar el modo de vida que quieren seguir; no, simplemente les dice: Venid conmigo y lo veréis con vuestros propios ojos, después ya veremoss, pero de momento venid… Y es precisamente esta respuesta de Jesús la que más puede cuestionarnos: ¿somos capaces de decir a alguien: ven y verás? O peor aún: ¿qué encontrará alguien que busca en nuestra casa? ¿será tan impactante el encuentro con la realidad que vivimos, que aquel que se acerque a nosotros se quede y recuerde la hora exacta de ese encuentro?
He aquí, pues, el tercer elemento vocacional de este domingo: el testimonio de la comunidad. Sin una comunidad que sea auténticamente testigo de Cristo es imposible: primero, realizar una llamada, segundo, que alguien se acerque con una motivación de búsqueda sincera y, tercero, que alguien se quede de manera gozosa entre nosotros.
Pidamos pues, al Señor de la mies, sí que mande obreos a su viña, pero que nos convierta a cada uno de nosotros y anuestras comunidades cristianas en auténticos testigos del único Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
II Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B(15 de enero de 2012): Maestro, ¿dónde vives?
14 enero, 2012 por Pablo Guerrero Pacheco
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