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Archive for 24 junio 2010

san cayetano nápoles“Nosotros Señor, lo hemos dejado todo, y te hemos seguido” Es la respuesta de Pedro ante las exigencias del Reino, aunque bien es cierto, que todavía habrían de dejar algo más: el miedo a perder su propia vida. No es nuevo este sentido de renuncia, un judío devoto había estudiado desde pequeño las veces que Dios pide a los que elige renunciar a algo: Patria, hijos, voluntad, etc… y que la respuesta de aquellos se vio recompensada siempre con creces: tu descendencia será como las estrellas del firmamento, yo pondré palabras en tu boca, suscitaré al pueblo otro profeta, verás ante tus pies la tierra que mana leche y miel… los discípulos de Jesús sabían que el seguimiento del Maestro hasta el final les iba a traer una gran recompensa, pero no sospechaban cómo sería esa.

¿A qué hemos renunciado nosotros? ¿Qué sentido tiene esa renuncia? Para empezar, creo que se tiene incluso miedo a usar esta palabra: renuncia tiene a nuestros oídos una connotación negativa. Incluso en muchos artículos de teología de la Vida Consagrada se evita usar esta palabra  ¿por qué? Estamos en una sociedad, al menos en España y creo por lo que conozco y leo también en otros lugares, en la que  todo lo que suene a sacrificio, esfuerzo, renuncia, exigencia… se intenta disfrazar… ¿será consecuencia de la sociedad del bienestar? Pienso si no será la hora de volver a usar, sin miedo ni complejos, el lenguaje ascético y llamar a las cosas por su nombre y, sobre todo, vivirlas desde la radicalidad de los primeros tiempos.

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Caminos de Providencia

Camino de SantiagoA veces cuesta comprender los caminos del Señor. ¿Alguna vez ha sido fácil comprenderlos? Sin embargo son caminos de Providencia… siempre son caminos de Providencia aunque no los comprendamos.

Ya Tomás le pidió a Jesús que les mostrase el camino y la respuesta de éste no pudo ser más clara: “Yo soy el camino, la verdad y la vida…” (Jn 15-6) Pero aun así nos parecen caminos complejos, muchas veces incomprensibles a los ojos de los hombres, plagados de piedras, cuestas, desvíos y falsos atajos. Somos nosotros los que queremos marcar el camino, los tiempos, eliminar las dificultades, que sea nuestra voluntad la que nos haga caminar. “Dejaré correr mi barca hasta descubrir cuál es la voluntad del Señor” decía san Cayetano, y no es una actitud de pasividad sino de ponerse en manos de la Providencia del Señor para que el marque el camino que hemos de tomar.

También nuestros tiempos son, como los de San Cayetano, de incertidumbre en el mundo y en la Iglesia; se hace difícil descubrir por dónde hemos de caminar y más difícil todavía el mostrar a otros loos caminos del Señor y sin embargo, la respuesta es tan clara: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, no nos lo acabamos de creer y por ello no somos capaces de vivirlo de forma radical. No confiamos en la Provindencia, no porque nos sea difícil sino porque hacerlo conlleva el riesgo de perderlo todo, pero “quien pierda su vida por mí la salvará”.

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Después de más de un año de inactividad de este blog recupero la actividad. Lo hago cambiando radicalmente el contenido y es por ello que los que lo habían visitado anteriomente verán que el contenido ha desaparecido.

Originariamente el blog quería ser un espacio para el diálogo fe-razón, en donde se pudiesen abordar temas relacionados con la antropología y se pudiese hacer buscando un punto de encuentro y de diálogo. Hoy, un año después, inicio una nueva andadura en la que pretendo profundizar en la experiencia de fe desde la vida ordinaria.

Muchas veces olvidamos que la vida ordinaria es la que nos debe conducir a la santidad, de la misma manera que para un matrimonio los detalles de la vida cotidiana hacen crecer y madurar el amor. Una flor, una sonrisa, un pequeño detalle del esposo a la esposa o viceversa,  ayudan a crecer, pero la ausencia de todo ello hace que el amor vaya languideciendo y que más proto que tarde desaparezca entre la monotonía e indiferencia… Nuestra vida de fe es igual, si no la alimentamos en la oración, en la Eucaristía, en el encuentro fercuente con el Resucitado, al final se convierte en algo monótono, rutinario, que languidece y se acaba apagando.

Nuestra fe, si no la alimentamos también con una formación profunda en el Misterio, desde la escucha orante de la Palabra de Dios y no sólo desde un estudio técnico, se muere de desnutrición.

Este nuevo blog, al menos en sus inicios, quiere ser el espejo de un peregrinar por los caminos del Evangelio respondiendo a la llamada que un día el Señor me hizo: “Deja las redes y sígueme que desde ahora te haré pescador de hombres”.  Un ponerme en camino día a día, siguiendo la exhortación de nuestro padre San Cayetano: “Cristo espera y ninguno se mueve […] me muero de ganas de caminar algún paso a su encuentro”.

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