Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 18 enero 2015

FIESTA DE LA VIRGEN DE LA PROVIDENCIA

64177543Queridos hermanos y hermanas: En el domingo, el día del Señor, el día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha dado su vida inmortal, unimos tres acontecimientos por los que podemos desbordar de gozo en el Señor, como canta el profeta Isaías: la fiesta de la Virgen de la Providencia, el día de nuestra Parroquia y el Año que el Papa Francisco ha querido dedicar especialmente a la Vida Consagrada. Y las tres lecturas de hoy nos hablan de estos tres momentos celebrativos.

En efecto, la lectura del libro del profeta Isaías nos muestra uno de los cánticos más hermosos del Antiguo Testamento. Israel, que vive en el exilio, que sufre la pérdida de lo más sagrado para él, como es la Tierra y el Templo, recibe esperanzado el anuncio de que el Señor, en su providente designio, no le ha abandonado, que su pena se transformará en alegría, que de la tristeza brotará una esperanza que le hará desbordar de gozo con el Señor. Es la providencia de Dios que nunca abandona, aún en los momentos más complicados de nuestra existencia.

San Pablo escribe a la comunidad cristiana de Corintio, una comunidad heterogénea, con distintas procedencias culturales, étnicas e incluso religiosas, lo que motivaba enfrentamientos y divisiones. Las palabras de Pablo recuerda a los cristianos de Corintio y a nosotros mismos, miembros de la Iglesia que caminamos en la Parroquia Virgen de la Providencia y San Cayetano, que el espíritu es único, que la diversidad de dones que el Señor nos regala es una riqueza y nunca debe ser motivo de división sino de enriquecimiento de la comunidad. Así debe ser nuestra Iglesia y nuestra Parroquia, cada uno ha recibido del Espíritu un carisma y éste debe ser puesto al servicio de la Comunidad, ni uno ni otro es más importante, como nos dirá san Pablo, todos los miembros del cuerpo son necesarios para el correcto desarrollo del mismo, así la comunidad. En una parroquia hay quien tiene el ministerio de la caridad, quien tiene el ministerio sacramental de ser servidor de la comunidad, el ministerio de enseñar a los otros a través de la catequesis, o simplemente de ser un miembro de la comunidad y acompañar a los demás con su oración y con su ayuda económica, pero todos formamos una única comunidad que celebra y se solidariza con el resto de la comunidad.

San Juan en el Evangelio nos muestra el primer signo de Jesús. Llama la atención que el evangelista, por el contrario de los otros evangelistas, nunca utiliza la palabra milagro, sino la palabra signo: así Jesús comenzó sus signos, dice san Juan. Y es que la palabra signo va mucho más lejos del milagro, éste es un acontecimiento extraordinario que atrae pero que se queda ahí, sin embargo el signo nos quiere revelar algo más profundo que está escondido tras el signo y que debe mover el corazón de los hombres: manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él. La transformación del agua en vino, significa el paso de la ley antigua a la ley nueva, de la ley de Moisés que se había transformado en muchas ocasiones en un simple ritualismo (el agua de la purificación), en la nueva ley basada en la alegría (el vino nuevo). Lo sabemos por experiencia, no hay fiesta familiar, y una boda lo es por excelencia, en la que no pueda faltar el vino, la alegría, el querer compartir y celebrar con los demás. Si falta el vino, si falta la alegría ¿qué boda estamos celebrando? El primero de los signos de Jesús nos muestra que nuestra vida va a cambiar, que del ritualismo vamos a pasar al gozo, que de la ley literalista vamos a pasar a la ley del amor. Y en medio de todo ello, nos encontramos con la figura de la Madre de Jesús, la Madre providente, que se da cuenta de que falta alegría, que falta el vino que alegre la fiesta e intercede ante su hijo por esos novios que corrían el riesgo de pasar a la historia de Caná por no haber previsto la cantidad de vino suficiente para celebrar su boda y su historia pasaría de generación en generación a través de la tradición oral del pueblo, lo que nosotros llamaríamos cotilleos de patio de vecinos.

María, la madre providente, que también, junto con san Cayetano, el hombre que supo confiar en la Providencia de Dios, acompaña los pasos de esta pequeña parcela del Pueblo de Dios que es la Parroquia Virgen de la Providencia y san Cayetano.

Celebramos hoy el día de la Parroquia, un día para hacer fiesta, pero también para tomar conciencia de nuestra pertenencia a la misma, para solidarizarnos con todas sus acciones, para comprender que su vitalidad depende de cada uno de nosotros, con la participación en su misión caritativa, a través del voluntariado en Cáritas o simplemente con la colaboración económica en la misma, con la participación en el ministerio de la catequesis, con la oración continua por cada uno de los miembros de la comunidad, por el cuidado de nuestros enfermos, etc… Una parroquia que desde sus inicios ha estado confiada a una comunidad religiosa como somos los teatinos, presentes en este barrio de la Guindalera desde mucho antes de la existencia de la Parroquia. Los más mayores de la parroquia todavía recuerdan a algunos de aquellos padres que cuidaban la casa e iglesia antigua, como poco a poco se fue levantando lo que hoy es el templo parroquial y la casa de la comunidad. Recordamos a los distintos padres y hermanos que han ido pasando por esta casa, y han sido tantos, y lo hacemos desde el cariño, pero sobre todo desde el recuerdo de que eran miembros de una comunidad religiosa. Nuestra presencia en este barrio siempre ha intentado ser testimonio de aquello que nuestro padre San Cayetano quería de sus religiosos: clérigos que viviendo en común y del común, confiando en la Providencia de Dios Padre, bajo el patrocinio de María, fuésemos testigos del Sermón de la Montaña.

En este Año de la Vida Consagrada, en el que nuestra Orden va a celebrar, en el mes de junio, un nuevo Capítulo General, oremos como comunidad parroquial de forma especial, por todos los teatinos para que seamos fieles al carisma que el Espíritu inspiró a san Cayetano. Trabajemos todos, no sólo con la oración, también de obra, por las vocaciones, para que el Señor siga llamando jóvenes que sean capaces de consagrar su vida, ya sea en el matrimonio, Iglesia doméstica, en la vida sacerdotal o en la vida religiosa. Un signo de que una comunidad cristiana, es una comunidad viva, es su capacidad para suscitar vocaciones para la Iglesia. Pidamos, pues, al Señor, para que esta comunidad sea fecunda y dé hijos a la Iglesia para su consagración. Y sobre todo, pidamos por las familias y por los jóvenes y niños, para que no cierren su corazón a una posible llamada del Señor a entregarse a través de la vida religiosa y sacerdotal al servicio del Reino de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, seamos generosos con el Señor, Él que dio su vida por nuestra libertad y salvación, espera de nosotros una respuesta generosa, desbordante de gozo y alegría, pidamos, por intercesión de María, madre de Providencia, que nuestra comunidad parroquial sea testigo de la alegría que trae consigo el vino nuevo de la Ley del Amor de nuestro Señor Jesucristo.

Read Full Post »