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Archive for 21 enero 2012

“Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”

Cada uno de los evangelistas tiene una manera de introducir el inicio de la vida pública de Jesús, de tal forma que, en función de cómo lo haga, vemos claro cuál es la intencionalidad del Evangelio. Marcos, el primero de los Evangelios – cronológicamente hablando – desde el primer momento se centra en lo esencial: creer en el Evangelio, porque está cerca el Reino de Dios. Y lo hace desde el versículo 1: “Inicio de la Buena Noticia de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios”. El Evangelio es la Buena Noticia de Jesús y la invitación de Jesús a la conversión, no es otra cosa que la vuelta a lo esencial, a dar un giro de 180º y volver nuestra mirada y nuestra vida (convertirnos) a Jesús – el Cristo – el Hijo de Dios.

Y porque sabe que esta conversión es imposible hacerla en solitario – porque el Reino de Dios es un reino de hermanos – inmediatamente escoge a unos cuantos para le siguiesen, como compañeros de camino y como enviados – apóstoles – allá donde quiera que él fuese.

Al igual que el domingo pasado, nuestro evangelio dominical nos ilumina acerca del seguimiento de Cristo – la vocación – En esta ocasión, dos parejas de hermanos, pescadores los cuatro: Simón y Andrés y Santiago y Juan, a los que Jesús invita a dejar las redes y la pesca en el lago, para dedicarlos a una pesca distinta: la pesca de hombres.

Quien ha vivido de la pesca, o conoce el ambiente pesquero, sabe lo arriesgado del oficio, los sinsabores que acarrea, los días enteros sin que un solo pez caiga en las redes o en los anzuelos, las tempestades o los mil y un peligros que se ciernen sobre la barca, este era el caso de muchos de los que escuchaban la predicación de Jesús y no tanto el nuestro. Sin embargo la imagen de la pesca nos sirve muy bien para comprender las dificultades que trae consigo la respuesta a una llamada directa de Jesús: un trabajo continuado -día y noche-, desilusiones, imcomprensión, pero también el gozo que da el saber que se ha cumplido el trabajo y que la red está llena.

Responder a la llamda de Jesús, significa, así también lo resalta Marcos, dejar las redes al pie de la barca, es decir, despojarnos de nuestros intereses, de nuestros proyectos, de nuestras comodidades o reconocimientos para tomar en nuestras manos, un nuevo interés, un nuevo proyecto: el proyecto del reino de Dios.

 

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“Maestro, ¿dónde vives? Venid y lo veréis”
El inicio de los domingos de tiempo ordinario tiene una clara componente vocacional. Se trata, en efecto, del inicio del seguimiento de los discípulos del Jesús.
Hoy nos encontramos con dos hombres: Andrés y otro cuyo nombre nos es omitido, junto con el Bautista. Ciertamente Juan ya conocía a Jesús, éste había recibido el bautismo a orillas del Jordán y el Padre le había anunciado como el Hijo amado (fiesta del Bautismo del Señor), y será una frase engimática “éste es el Cordero que Dios” la que provoque que Andrés y su compañero, decidan seguir a Jesús. de este primer pasaje del evangelio de este domingo extraemos la primera conclusión: toda llamada del Señor se realiza a través de una mediación, alguien llama en nombre del Maestro, en este caso Juan el Bautista, en otros, será un familiar, un maestro, un sacerdote amigo, el testimonio de una comunidad religiosa, etc… pero lo claro es que Dios siempre llama a través de terceras personas (eso hará Andres con su hermano Simón, al que Jesús llamará Cefas – Pedro).
El encuentro con Jesús ya supuso una iniciativa por parte de los dos discípulos, aunque lo que más nos sorprende son las preguntas y las respuestas: ¿Qué buscáis?; Maestro, ¿dónde vives?; Venid y lo veréis.
Toda vocación debe empezar con la pregunta que Jesús plantea: ¿Qué buscáis? Una pregunta que compromete y que nos debe cuestionar en nuestro caminar. ¿Qué es lo que buscamos cuando nos acercamos a Jesús? El problema vocacional a mi juicio, empieza aquí mismo: ¿sabemos dar respuesta a la pregunta? o peor aún, ¿nos preguntamos qué buscamos siguiendo a Jesús? Una vocacioón bautismal que no se pregunte por el sentido de la misma, seguramente sea rutinaria, fría, de mero cumplimiento, no ha permitido que el Señor se acerque a su vida y le cuestione. La respuesta a la pregunta también es importante, sí, pero parte de un deseo de buscar algo, luego está el ponerse en camino. Andrés y su compañero respondieron: Maestro, ¿dónde vives?. Quería saber más del rabí que les había presentado Juan, dónde vivía, qué hacía, cómo vivía… tenían el deseo de conocerle a fondo y comprobar por si mismos si merecía la pena ponerse en camino junto a él. No había ningún interés particular en esa respuesta, no buscaban el reconocimiento, ni el escalar una posición en la sociedad, ni un modo de ganarse la vida… tan sólo querían conocer más al Maestro.
Aquí ya encontramos un segundo criterio de discernimiento vocacional: la motivación.
La respuesta de Jesús, es muy sencilla: Venid y lo veréis. Nos les hace un discurso teológico acerca de la vocación, ni les da una catequesis ni un libro dónde encontrar el modo de vida que quieren seguir; no, simplemente les dice: Venid conmigo y lo veréis con vuestros propios ojos, después ya veremoss, pero de momento venid… Y es precisamente esta respuesta de Jesús la que más puede cuestionarnos: ¿somos capaces de decir a alguien: ven y verás? O peor aún: ¿qué encontrará alguien que busca en nuestra casa? ¿será tan impactante el encuentro con la realidad que vivimos, que aquel que se acerque a nosotros se quede y recuerde la hora exacta de ese encuentro?
He aquí, pues, el tercer elemento vocacional de este domingo: el testimonio de la comunidad. Sin una comunidad que sea auténticamente testigo de Cristo es imposible: primero, realizar una llamada, segundo, que alguien se acerque con una motivación de búsqueda sincera y, tercero, que alguien se quede de manera gozosa entre nosotros.
Pidamos pues, al Señor de la mies, sí que mande obreos a su viña, pero que nos convierta a cada uno de nosotros y anuestras comunidades cristianas en auténticos testigos del único Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

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